Me senté en el borde de la banca. Sin darme cuenta, seguía contemplando a la pareja de hermanos peleándose por el muñeco de trapo. Me sorprendí sintiendo lástima por este… ¿Qué seria si los niños no gustaran de él y lo dejaran de lado? ¿Quedándose solo se sentiría en paz?… ¿Acaso preferiría que los dos lo quisieran aún cuando estuvieran a punto de partirlo en pedazos?
Mi mirada se enfocó en el rostro de los niños: parecían furiosos el uno con el otro. Tal vez, si el muñeco dejara de existir, ambos llorarían un rato y luego encontrarían otros muñecos con los que jugar… volverían a ser tan amigables como antes… Esto sonaba de lo más natural, después de todo… ¿No es eso lo que hacen las madres cuando sus hijos se pelean por un muñeco? Compran uno idéntico para que cada uno tenga el suyo o, si este es único, esconden el objeto culpable para que vuelva la armonía… Sonreí apenada. Qué clase de razonamiento tenía mi cabeza en esos tiempos… en esos tiempos en los que yo era idéntica a ese muñeco… ¿Qué acaso nadie me podía esconder?
-Isa… Sabía que estarías aquí –No me molesté en levantar la mirada. Esa voz podría reconocerla aun estando bajo el agua. Se sentó a mi lado, manteniendo una ridícula distancia, no importaba que tan lejos se pusiera, no había momento en que no sintiera su piel en la mía. Era algo que se había quedado ahí… como un recordatorio. Era extraño saludarnos en silencio. Sentía que perdía mucho más que un amigo alejándome de él, pero yo ya había tomado mi decisión, debía ser fuerte… Fuerte para encontrar el camino adecuado a seguir. No más dudas.
-También sabes que vengo aquí cuando quiero estar sola…
-Lo siento, pero no te manejas bien tú sola
-Gracias, es lo más tierno que me han dicho en mi vida
-De nada…
-¿Qué quieres Diego? Creí haber dejado las cosas claras –Enfrenté su mirada, con el valor que no tenía, tratando de descifrar que es lo que realmente hacía ahí sentado a mi lado. Sus visitas nunca habían sido casuales, no tenía ninguna razón para creer que ahora lo fueran. Menos aún cuando justo hoy partía, el debía haberse enterado. Ya habíamos acordado, desde hace tres meses, cuando terminamos esta relación, que no nos volveríamos a ver. Su presencia rompía toda regla. Ya debía saber que nadie me haría cambiar de opinión. El verlo me hacía sentir como si me traicionara a mí misma, como si, aun peor, traicionara a la persona que me esperaba… que me esperaba desde hacía ya demasiado tiempo.
-Tenemos que hablar
-Disculpa, pensé que eso estábamos haciendo
-No juegues Isabel
-Claro… los juguetes nunca juegan…
-¿Qué?
Nada, olvídalo… sabes, esta fue la conversación más divertida de mi vida, pero tengo cosas que hacer… –No recuerdo ya si realmente llegué a hacer el intento de pararme, solo recuerdo sus brazos alrededor de mi cintura y su aliento en mi cuello, luego la calidez de sus lágrimas sobre mi piel, estaba llorando… llorando como nunca lo había visto antes. ¿Qué le estaba haciendo?
-Lo siento…
-No te disculpes, pero por favor, por favor… no te vayas…
-No es tan simple…
-Lo sé…
-Tengo que irme… mi vuelo sale en unas horas –hice un esfuerzo por soltarme de su abrazo, pero fue en vano, me tenía aprisionada- No hagas esto…
-Te amo…
Tú sabes a quien amo yo… -sentí como aflojaba la presión sobre mí y aproveché para alejarme. Tenía la mirada gacha, lo prefería así… no soportaría su rostro lleno de lágrimas, no cuando lo había conocido tan orgulloso y alegre. Tenía que ser fuerte, por ambos. Nunca sería feliz conmigo, yo lo sabía, el problema era que él no.
¿Y qué harás ahora? ¿Ir y buscarlo? ¿Acaso ya te espera? –Seguía sin levantar la vista, pero en su voz se reflejaba el odio que debía tener su mirada ahora… Odio… Odio por él, cuando debía sentirlo por mí… ¿Quién podría imaginarlo? Ellos, que habían sido inseparables en el pasado, ahora no podían ni verse. Michael y yo teníamos juntos 2 años cuando me presentó a Diego. Diego, su mejor amigo, su casi hermano. Nos habíamos llevado de maravilla desde el principio, fue él quien estuvo apoyándome cuando Michael decidió partir, fue Diego quien no me dejó sola cuando el dolor me destrozaba. Sabía que lo quería, lo que no sabía es que él llegaría a amarme… y a amarme tanto. Cuando Michael se había enterado de que estábamos juntos, no había hecho mayores comentarios pero la amistad entre ellos dos nunca volvió a ser la misma. Había destrozado una amistad. Todo un capricho digno de mi. Y ahora volvía al punto cero del asunto. Michael y yo no podíamos estar separados, si él no podía venir, yo iría por él.
-Sí, me espera…
-Pensé que yo era alguien importante para ti, pero que fácil me remplazaste.
-Ya para… tú lo sabías. Me viste destrozada con su partida. Tú sabías que mi amor por él seguía ahí. Peor aun: ¡Sabías que el también odiaba estar sin mi!
¿Por qué viniste conmigo? –Su pregunta me tomó por sorpresa. La verdad es que yo también me preguntaba eso… ¿Por qué? … -Solo respóndeme eso, te dejaré tranquila…
-Yo… -bajé la mirada, realmente no sabía que responder. Cuando decidí estar con él, al día siguiente ya estaba arrepintiéndome- La verdad… es que estaba huyendo… -sentí su mirada atravesándome, era difícil hablar con esa sensación…-Huía de mi amor por él, por que dolía… por que duele…
-¿Entonces? Si tanto duele ¿Por qué quieres seguir estando con él?
- ¡Por que duele más tenerlo lejos! …lo amo. Lo amo demasiado.
- Ya veo… Entonces solo me usaste a mí como experimento, a ver cuanto soportabas sin él
- Realmente creí que podía llegar a amarte…
- Pero no basta con creer… hay que intentarlo
- Lo intenté…
-No, no lo hiciste –se paró sin decir nada más y se fue alejando, no sabia por que tenía tantas ganas de correr detrás de él y detenerlo. Me destrozaba hacerle tanto daño… pero no podía seguir jugando a que éramos la pareja perfecta. Mientras lo iba perdiendo de vista, me preguntaba si realmente eso era lo mejor. El dicho dice:
“Cásate con quien te ame, no con quien ames… “
¿Era esa la solución? Negué firmemente: En mi búsqueda de la felicidad le había hecho daño a ambos, no más daños colaterales, me prometí. Mucho menos haciendo esperar a la persona que más amaba en el mundo. Me separé de la banca y me encaminé a casa por las maletas, al pasar al lado de una pareja suspiré, esta situación me estaba matando.
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Y ahí estaba yo, esperando con impaciencia, sabía que solo unos pasos nos separaban… y sentía miedo. Miedo de que no estuviera ahí cuando mis ojos lo buscaran…
La gente empezó a descender y mi cuerpo se negaba a moverse… había esperado demasiado para verlo de nuevo … y ahí estaba, paralizada… por que sabía que fuera lo que fuera que encontrara, cambiaría mi vida por completo. Parecía mentira que hace solo unas horas hubiera estado sentada en esa banca conversando con Diego. Las cosas no siempre resultan como una quiere, pero yo necesitaba de todo corazón que esta vez funcionaran… Yo sabía que Diego era especial, pero el amor es algo que no se da al mejor postor. Es como una ruleta. Gira, gira y gira… y cuando para, ya no hay marcha atrás, donde cayó queda. Algunos reciben premios, otros castigos ¿Pero qué se puede hacer? Cuando tu corazón elige no hay nada que puedas hacer para que la decisión sea diferente. El órgano más terco de todo el organismo es el corazón.
Di un par de pasos, sorprendida de que mis pies al fin se movieran y bajé con torpeza el único escalón. Me pregunté si acaso sus ojos estarían ya posados en mi. Esos ojos que extrañaba de una manera maniaca… No dejaba de darle vueltas al asunto mientras lo buscaba, él siempre había sido el amor de mi vida. Su partida me había roto el corazón, yo había decidido que un amor a distancia no era el apropiado, pero ¿Cómo calificar de apropiado o inapropiado al amor? temblando avancé más… y mis piernas apenas y si resistieron mi peso cuando lo vi. Respiré profundo y una sonrisa se escapó de sus labios. No había cambiado en nada: la sonrisa traviesa, la ternura en su mirada. Sentí paz. Tal vez mi corazón había sido hecho para amarlo solo a él. No importaba la razón, cuando me sumergí en su mirada, cuando lo vi acercarse, cuando sentí el roce de su piel con la mía, cuando besé sus labios y pude escuchar su voz diciendo que era feliz… supe que no importaba que hubiera dejado atrás, no importaba si con Diego hubiera sido más feliz, no importaba que tan lejos estuviera del lugar donde nací.
Aquí, junto a él… Estaba mi hogar…